11 días con el estómago apretado. Desde que supe que una puerta se abrió y aunque con probabilidad, pensaba que se cerraría.
Amigo, hoy te fuiste de la casa y pareciera ser como si te fueras de nuestras vidas, me gustaría decir que te llevaste una parte de mi, pero te has ido con todo, me quedé solo con la cáscara. No guardo rencor y lo sabes, solo tengo amor y tristeza, desde mis entrañas sale el clamor a Dios para que regreses, no solo tu cuerpo, si no tu corazón. Siento mis manos atadas para sostenerte más tiempo, mis oraciones parecen no se suficientes y no encuentro forma de calmar tu mente y tu dolor, quiero llevar la carga contigo pero no puedo obligarte a compartirla. Tu me recogiste y me acompañaste en mi valle de muerte, me reprendiste, me enseñaste y hoy, no te encuentro. Llamo a tu puerta y no respondes.
No se que pasará conmigo, no veo donde poner mi siguiente paso, mis lagrimas empañan la senda, camino sobre pantano. He hecho un pacto, desde hoy, casi mi completa oración será para ti y no dejaré crecer mi cabello, porque será mi afrenta hasta que vuelvas a tu hogar, con tu familia.
No se si esperar tu regreso, porque mi clamor y ruego no fue escuchado, ¿habrá acaso esperanza para los dos? ¡Dónde está el Dios que me enseñaste!
Señor, hoy no vengo a fingir fuerza. Vengo como estoy.
Tu Palabra dice: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” (Salmo 13:1).
Entonces te lo digo directo: me siento olvidado, cansado, confundido.
Y también: “¿Hasta cuándo… con angustia en mi corazón cada día?” (Salmo 13:2).
Esta angustia es real, Dios. No la disfrazo.Aun así, me aferro a lo que has dicho: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón” (Salmo 34:18). Así que aunque yo me sienta lejos… tú no lo estás. Acércate más.
Hoy mi alma se está yendo al suelo, pero tu Palabra me enseña a hablarle:
“¿Por qué te abates, oh alma mía…? Espera en Dios” (Salmo 42:11).
Alma mía, no negocies con la desesperanza. Espera en Dios.Señor, necesito que me saques de este hoyo. Tu Palabra dice; “Me hizo sacar del pozo de la desesperación… y puso mis pies sobre peña” (Salmo 40:2).
Hazlo conmigo. No solo me calmes: sácame. No solo me consueles: afírmame.Porque hoy mi fuerza no me alcanza. Pero tú dijiste: “No temas, porque yo estoy contigo… yo te ayudaré” (Isaías 41:10). Entonces ayúdame tú. Sostén lo que yo no puedo sostener.
Jesús, yo vengo como estoy, con peso y ruido interno. Tú dijiste: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
Aquí estoy: trabajado, cargado. Dame descanso real.
Señor, no quiero negar mi dolor, pero tampoco quiero entregar mi fe. Tu Palabra dice: “Atribulados en todo, mas no angustiados… abatidos, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8–9).
Hoy me siento abatido… pero declaro: no estoy destruido, porque tú me sostienes.
Por último, Señor, te entrego lo que me está comiendo por dentro. Como está escrito: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7).
Aquí va todo: mis miedos, mi futuro, mi culpa, mi confusión. Cuida tú de mí, que yo hoy no puedo.
En nombre de mi salvador y señor Cristo Jesús. Amén.



